HD Everywhere
Por favor no me mates luego de leerlo, te juro que yo soy normal, lo juro fasjdhsbahdb. Fui obligada bajo presión, mi vida dependía de ello(?).
Jugarretas.
Sus días prácticamente se basaban en lo mismo. Levantarse a eso de las 13:00pm, comer lo que tuviese más fácil de hacer, alimentar a su mascota, perder su tiempo hablando con gente conocido por medio de cualquier red social, grabar vídeos entrada la noche, hacer uno que otro Livestream para no dejar a sus espectadores con ganas de más, jugar hasta entrar en un estado traumático por tantos sustos seguidos e ir a dormir. No era una vida muy interesante, se dedicaba en casi un setenta por ciento a sus admiradores, ya sea en eventos, juntas, vídeos de cualquier tipo, todo por ellos. Y claro, no es como si fuera menos, más a pesar de todas esas cosas, sabía vivir la vida. Era una persona feliz, sin compromisos de ningún tipo con nadie, adicto a los cigarrillos como buena persona estresada (gracias a todos los sustos diarios), digno de ser odiado, amado y envidiado.
Hoy no sería diferente, después de todo, no tenía una vida ‘emocionante’. Despertó con ganas de enfrentarse a un nuevo desafío, algo que pudiese ponerle los pelos de punta y hacerlo gritar de pavor. Pero no jugaría solo, no esta vez. Había escuchado las numerosas peticiones de la gente. Accedió a hacer un nuevo vídeo junto a un ¿buen amigo? No podía llamarlo así. Vivían peleando por diversas situaciones, no eran dramas serios, pero sí se decían palabras fuertes que a cualquier tercer espectador le arrancaría unas buenas carcajadas, motivo que lo impulsó a invitarlo a su hogar para poner en práctica una nueva modalidad. Ciertamente estando ambos juntos no sería tan aterrador como si estuviese cada quién por su cuenta, más la audiencia lo era todo, así que no tenía de que quejarse en esta ocasión. El timbre de su casa sonó, caminando a un paso somnoliento hacia la puerta, con un cigarrillo entre los labios y esa particular mirada desafiante que tanto le caracterizaba. La abrió y tras esta, vio la amigable sonrisa de quién había sido (es) su rival de toda la vida, Vardoc.
– ¡Xoda! – Vociferó con grandes expectativas de una cálida bienvenida, extendiendo sus brazos hacia el contrario.
–Hola weón –Respondió el amo de casa, sin siquiera dignarse a mirarlo como lo haría cualquier persona, sacando el filtro de su boca para botar el humo en el rostro del más alto, sonriendo de costado al verlo toser.
–Pero que bella bienvenida.. ¿Me vas a hacer pasar o me quedaré aquí afuera? – Preguntó de modo retorico, viendo como el de sudadera azul le cerraba la puerta en pleno rostro, sintiendo como una vena de enojo se posicionaba en su sien. –¡Oye! No estaba hablando en serio– Sabía que tratar de ese modo tan perspicaz con él no sería una buena idea, considerando su conflictivo ser y lo bastante competidor que era. Se llevó una palma al rostro, suspirando en voz baja para conseguir sacar paciencia de algún lugar en su cabeza, de antemano estaba dicho que nada bueno saldría de un encuentro tan repentino, más no perdía la esperanza de intentar congeniar en algo con él. Admitió que las peleas con él eran sin sentido y divertidas, pero por una vez en su vida deseaba no ser tratando de esa manera.
–Hahaha, lo siento. – Escuchó desde el otro lado de la puerta, segundos antes de que se abriera otra vez y viese nuevamente el rostro de su ‘amigable amigo’, esta vez sí dedicándole una mirada convincente y que no parecía querer asesinarlo. Se adentró a la casa ajena y miró hacia todas partes con interés, era la primera vez que veía su casa, no se encontró con el desorden que había imaginado antes de llegar, encogió sus hombros y suspiró, dejando su mochila en uno de los grandes sofá del living, sacando de su polerón su cámara, comenzando a grabar cada rincón.
–Hola hola hola y bienvenidos a… La casa de Xoda– dijo mirando hacia la cámara, volteándola hacia el lugar en la cocina en dónde se encontraba el gamer, buscando quién sabe qué cosa. –Así es señoras y señores, como anteriormente les había adelantado, pretendía hacer un vídeo cooperativo con él y pues… Bueno, ahora estoy en su casa. – Rió en voz baja al ver el rostro desconcertado del contrario sosteniendo una lata de bebida en su mano derecha, alzando una ceja al notar que estaba grabando. –Saluda a la cámara ~– Dijo en un tono cantarín y burlón, sin despegarle la mirada de encima.
–Que tal ladies~ – Musito entre risas al notar como el muchacho que sostenía la cámara no dejaba de reírse, sonriendo de igual modo sin entender. –¿Qué es tan divertido? – Cuestionó mirándolo, recibiendo una negación con la cabeza, suspirando sin más.
–Bueno gente, como podrán imaginar, aún estamos pensando en qué jugar y…– Antes de poder continuar con su monólogo, fue interrumpido por el ocurrente menor. –No le mientas a la gente, no hemos pensando ni una weá– Rió abiertamente, caminando hasta el sofá más cercano, sentándose en él mientras escuchaba las risas ajenas.
–Una buena impresión de gente responsable y trabajadora no nos vendría nada mal…– Le murmuró en voz baja, haciendo una especie de puchero que no fue visto por Xoda ya que no le estaba prestando atención.
–Cállate weón, puedo vivir sin eso. – Tomó la lata y se la llevó a los labios, escuchando el leve insulto que especuló el de sudadera verde, un claro y modesto ‘Hijo de puta’ con voz diferente a la normal. Vardoc, apagó la cámara y se sentó a un costado del altanero chico, mirándolo sin decir palabra alguna. Solía molestarlo en público, cada vez que estaban grabando, resultaba gracioso hacerle bromas pesadas que lo sacaran de sus casillas y lo obligaran a responderle de la peor manera. Pero vamos, él no era la única persona que gastaba bromas, Xoda también lo hacía. Como aquella mini-venganza en pleno vídeo dónde en vez de ayudarlo, intentó matarlo por tener más fama que él. Cosas así de sencillas y estúpidas le hacían reír, hacían que ese intento de amistad fuese más interesante. Pero… ¿Qué tan lejos podían llegar sus jugarretas por verlo molesto y reducido?
–¿Siempre haces eso? – Preguntó el de cabellos cortos sacándolo de sus vagos pensamientos, mirándole de reojo.
–¿Hacer qué cosa? – Se extrañó, perdido totalmente de la conversación que estaba entablando.
–Grabar cada weá que haces en el día– Aclaró volteándose para verlo mejor, sin borrar su sonrisa retadora de su rostro. El rostro pensativo del mayor le causaba gracia, algo tenía de idea sobre esos vídeos sobre su vida… Pero para sacar algo interesante de ahí debía de tener o una vida muy movida, o estar grabando todo el santo día y hacer una recopilación de los más relevante. Algo que le causaba pereza de solo pensarlo.
–Hmm, no. No grabo todo, hay algunas cosas que me guardo. – Respondió a la incógnita asintiendo con su cabeza tras sus palabras, ubicando una mano en su mentón al momento de cerrar los ojos con seguridad.
–Tus momentos de macabeo… Ah no, espera. Esos no te los guardas. ¡Hahaha! – Se burló estirándose en su asiento, riéndose con más ganas al notar que ese si era un punto flaco del sereno histérico (Vaya combinación).
–Pfff, algún día te tocará estar en mi posición y entenderás. – Se defendió cruzado de brazos.
–Sí, claro. – Rodó los ojos, sabiendo que una persona como él no se ataría de tal modo, o no hasta el punto de hacerle caso a su pareja en todo lo que le dijese, prefería ser un alma libre, el amor lo consideraba algo sencillo y patético. Ese punto de vista pesimista le desagradaba al de ojos pardos, obligándose a maquinar alguna idea en su cabeza para enseñarle lo contrario.
No supo cuándo ni cómo, pero habían terminado enfadados otra vez, aunque esta sería diferente, no lo dejaría salirse con la suya así nada más. Vista la oportunidad en que Xoda se levantó del sofá, él también lo hizo y le jaló del brazo, botándole por accidente la lata la piso, desorbitándolo una vez más.
–¿Qué mierda te pasa weón? – Preguntó sin la necesidad de sonar alterado, pero si con cierto temor ante la mirada seria del contrario, él cuál le empujó hacia el sofá, dejándolo recostado sobre este mismo para posicionarse sobre él. Un tic nervioso se acomodó en la ceja derecha del gamer de juegos de terror, tragando saliva pesado al ver la sonrisa tranquila del hombre sobre él.
–N-No te pongai’ hueco ahora…- Intentó sonar lo más tranquilo posiblemente, mandando esa poca seguridad que tenía al infinito carajo al sentir una mano colarse bajo su sudadera azul. Aquella mano suave que recorría su bien formado torso, provocándole serios escalofríos que recorrían toda su espina dorsal. Hubiese preguntando que mosco le picó, pero otra vez se adelantó a sus acciones y ahora lamía su cuello, uno de sus pocos puntos débiles, intentando en vano encogerse para no tener que soportar esa especie de tortura involuntaria. Con ambas manos intentó sacárselo de encima, pero el estar con uno que otro temblor por esa lengua escurridiza no fue de gran ayuda, siendo reducido en tan poco por una sola mano del contrario, quién seguía sin ofrecerle ninguna palabra de consuelo, ninguna explicación, nada de nada. Se mordió la lengua para no tener que decir alguna estupidez, esta vez sintiendo besos y mordidas electrizantes, no lo estaba disfrutando ¡Para nada! O al menos, eso quería creer. Las caricias en su torso se detuvieron, viendo de reojo cómo es que su polerón había terminado tan arriba, hasta el punto de dejar todo su tronco al descubierto.
-Vardoc culiao, cálmate. En tu casa tienes a una mina que te ama y estás aquí, haciendo weás– Intentó hacerlo entrar en razón, más no consiguió el resultado que esperaba, puesto que una sonrisa se dibujó en el rostro del mencionado, seguro de su mirada.
–Y por esa misma razón es que estoy tan seguro de lo que estoy haciendo, porque le amo y nada de lo que aquí suceda podrá hacerme cambiar de parecer. – Seguridad, lo único que le faltaba para mandarlo al carajo, pero no podía, sus movimientos eran sencillamente inútiles. Cerró los ojos, esperando que con esta desesperada acción, algo cambiase. Pero aquello, al igual que los cuentos de hadas, no sería posible en ningún lugar más que en la imaginación de un crío. Sintió unos labios opresores en uno de sus pezones, tiñendo sus mejillas de un carmín tan poderoso como su mismísima sangre, apretando sus dientes en molestia que ya no sabía a qué se debía, si al atrevimiento imposible del tío sobre su cuerpo, o bien el no poder haber conseguido lo que quería y zafarse de su agarre. Las caricias tomaron otras direcciones, mientras jugueteaba con todo su cuerpo a sus anchas, sus manos descendían peligrosamente hasta el borde de sus pantalones, haciéndole abrir los ojos de impresión, negando con la cabeza sin articular palabra. Vardoc rió, le parecía gracioso que una persona como Xoda se viese en tal apuro, pobre tipo. De cualquier modo, esa mano se entrometió hasta su entrepierna, por sobre su ropa, arrancándole un sutil gemido de esos labios hinchados, relamiéndose los propios al escuchar tal reacción, justo lo que buscaba.
–¡P-Para! – Ordenó intentando removerse bajo el opresor cuerpo contrario sin éxito alguno, estirando la cabeza hacia atrás para no tener que mirarlo, algo que se mal interpretó, puesto que el más alto nuevamente lamió aquel cuello desnudo, variando los sonidos provenientes de su garganta en tonos no muy agudos, ahogados del algún modo dentro de su boca, no quería humillarse más de lo que ya lo estaba haciendo. Una vez pudiese notar a simple vista el bulto entre sus piernas, bajó la bragueta y desabotonó su pantalón para continuar con esos suaves movimientos con su mano, sin tener contacto directo con su miembro, riéndose por lo bajo de ese rostro tan perturbado y placentero, podía notar de lejos que no lo estaba disfrutando, pero aún así lo estaba asumiendo, siendo este un paso importante. Utilizó una presión un poco más fuerte, haciendo que abriera la boca al no poder ahogar ese agudo gemido, sellando sus labios con los contrarios en un beso profundo, invadiendo su cavidad bucal hasta tal punto de sentir un choque eléctrico, estremeciendo el cuerpo del muchacho bajo él, separándose de él para girarlo, apoyando su peso sobre él, rodeando con ambos brazos su cintura, dejando que él se apoyase con ambos brazos sobre los cojines del sofá para no dar de lleno con su rostro. Entrometió una de sus manos bajo los bóxer de Xoda, accediendo a un poder más deliberado por sobre él, lo tenía a su merced, ya no había forma de que escapase. Comenzó a masturbarle mientras que con la otra mano le acariciaba con suavidad la nuca, entregándole una especie de paz mental que no lo hiciera desconcertarse de la situación, más por cabrearlo que por importarle si lo estaba disfrutando o no. Bajó el cierre de su propio pantalón, alertando con el sonido de este movimiento al menor.
–No weí– Dijo sin lograr mirar al pervertido que provocaba esos espasmos en su cuerpo. Lo escuchó reír de modo infantil, resoplando impotente sin ser capaz de hacer algo en su contra, de modo que tuvo que resignar su mentalidad a la situación, más sus palabras seguían siendo las mismas. Sin más preámbulos, Vardoc ignoró empíricamente la suplica agresiva, adentrándose en el interior del más bajo, sacándole una que otra lágrima de esos cristalinos ojos café. Le besó la nuca, sin soltar su miembro para tratar de apaciguar el latente dolor dentro de su cuerpo, moviéndose con lentitud mientras él se quejaba, quejas que se llevaba el aire, puesto que ya era demasiado tarde para escucharlo hablar.
–Te acostumbrarás– Le musitó al oído, lamiendo su lóbulo con suavidad, moviendo sus caderas al vaivén de su mano, deleitando sus propios oídos con esos quejidos tan impropios y sucios, cargados de un placer difícil de explicar. Xoda no podía pensar con claridad. Se sentía violado, pero no estaba oponiendo ningún tipo de resistencia, por lo que no podía ser una violación como tal, aquellas expertas manos le hacían temblar, gemir con una nena, estremecer su cuerpo entero con una que otra caricia. El calor ajeno le traspasaba, sintiéndose en el mismo éxtasis. Pero ¿Por qué? ¿A qué se debía tan repentina situación? No lo terminaba de entender, y posiblemente Vardoc tampoco lo entendía, más los impulsos son impulsos, y ambos se conocieron siendo ese tipo de personas impulsivas que gritan improperios jugando frente a una pantalla.
–A-Ah…N-No sigas…– Pidió entre sollozos, mordiéndose el labio inferior, recordando la invasora lengua que se había unido a la suya hace minutos atrás, acrecentado sus ganas de sentir sus caricias. Se sentía asqueado, asqueado de sí mismo por estar disfrutándolo. Pero sus dignidad era tal que ninguna palabra al respecto diría, no se lo haría saber, sino todo lo contrario, lo insultaría hasta enterrarlo en el infierno mismo, dónde después de muchos años se volverían a encontrar.
Ese no, fue interpretado como un ‘apresúrate’, y algo de cierto había en eso, por lo que el frenesí se aceleró, acariciando de cerca el final de esa improvisada situación, sintiendo escurrir aquella cálida sustancia entre sus dedos, viéndose obligado a acabar por la estreches provocada al alcanzar el punto culmine, cayendo exhausto sobre el tembloroso cuerpo del gamer.
Un silencio se plantó entre los dos, una muralla tan grande de irritación que Vardoc no se atrevió a tocar por miedo de salir lastimado de una u otra forma. Salió de su interior y acomodó su ropa, levantándose del sofá en dirección al cuarto de baño. Por su parte, Xoda se quedó aferrado al cojín del sofá, maldiciéndolo en voz baja, sintiéndose patético, irritado, asqueroso y sencillamente repulsivo ante cualquier ser viviente. Literalmente, había mordido la almohada, siendo esto lo más denigrante de la situación. Había sido el de abajo…
–Hijo de puta…– Murmuró incorporándose de su posición, mirando la esperma en el sofá, acomodándose la ropa para ir en busca de algo para limpiar aquel desastre que su invitado ‘estrella’ había provocado. Una vez limpio aquel lugar, la persona que fue el causante de todo aquello apareció en el umbral de la puerta, viendo el rostro cabreado de su anfitrión, mordiendo el filtro del cigarro con molestia.
–Hahaha ~ – Se rió, se atrevió a hacer ese tipo de movimientos después de la jugarreta que había provocado, porque para él no había sido más que eso, una jugarreta sucia y de mala gana. Le indicó el reloj de pared al de sudadera azul, fijándose en que tal solo faltaba un par de minutos para tener que iniciar con el Livestream.
Sabía que todo aquello lo había hecho para tener una manera indirecta de mofarse de él mientras estuviesen transmitiendo, pero llegar hasta esos extremos… No sabía lo cabrón que podía ser. Se desordenó los cabellos y suspiró, intentando recobrar la compostura.
Ambos eran como el perro y el gato, si uno no estaba mofándose del otro por su grandeza, cualquiera de los dos podría estar maquinando alguna idea para hundirlo. Pero vamos, ambos podían rescatar que de esas múltiples peleas que solían tener, algo divertido sacarían de todo aquello. Más esta vez… Esta vez sería la excepción, algo de lo que no podría olvidarse ni con la mejor de las terapias. Y es que… La mirada de su gato acosador desde la ventana, jamás lo dejó tranquilo.







